jueves, 21 de junio de 2012

CUANDO DECIMOS "PADRE" OCURRE EL MILAGRO . . .

Un hijo tiene "algo" que su padre no puede resistir, sin poder explicar bien por qué. Así es esto de ser padre. A Dios también le pasa. Cristo nos pasó el secreto:orar empezando con esa palabra mágica que lo puede todo, si la decimos con el corazón: "Padre". No importa cuántas palabras digamos. Tampoco si las frases tienen sentido o belleza literaria. Lo que a Él le importa es que somos nosotros, sus hijos, quienes nos dirigimos a Él. Un "Padrenuestro", rezado como un acto de amor y de entrega, arranca de Dios aquello que más necesitamos. Él es nuestro Padre y de ahí se deriva que nos ama, que nos escucha, que nos cuida, que nos espera en el cielo.Quizás desde muy pequeños venimos repitiendo, con mayor o menor devoción, la gran oración del cristiano. Pero sin duda, cada vez que lo hacemos, Dios "interrumpe todas sus ocupaciones" para escucharnos y atendernos como el mejor de los padres. Extraído de Catholic.net.

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